Eulogio

Por Felipe Curiel Jr., hijo

Buenas tardes y muchas gracias a todos por acompañarnos en estos momentos tan difíciles. Pero en vez de estar tristes, quiero recordar y celebrar a el hombre que mis hermanos y yo tenemos el distinto gusto de llamar papá. A los que de veras conocieron a mi padre, saben que era un hombre muy especial. La canción “no soy monedita de oro”, casi la escribieron con él en mente. Era terco a más no poder, odiaba la mentiras, se ganaba la vida con sus dos brazos, y el sol fue y seguirá siendo su cobija.

Siempre lo recordaremos papa por ser ese hombre tan único del que nunca se verá otra vez. Y cuando al fin el día que nos  reuniremos llegué, una vez más podemos disfrutar de tan fea canción que nos tocó. Nunca me olvidaré lo que tanto me decía: a cada paso que des, llévame contigo, y siempre lo haré. Descanse en paz padrecito chulo, que nosotros siempre lo guardaremos en nuestros corazones.

________________________________________________________________________________________

Por Alma Rosa Curiel, hija

My father was many things—a gifted reporter, a masterful storyteller, and above all, a deeply caring man. He had a way with words that made the world feel more vivid, more connected, more understood. Through his stories, he preserved history, captured humanity, and touched countless lives. But his greatest stories, to me, weren’t the ones he wrote—they were the ones he lived.

Over the past two years, I was fortunate to spend a lot of time with him. We shared long conversations, quiet moments, and memories I will carry with me forever. In the face of illness, he showed strength, humor, and grace. Being by his side during his treatment journey was a privilege I will always be grateful for. It gave me the chance not just to care for him, but to truly know him—even more deeply—as a man, a father, and a friend.

Though he may no longer be with us in body, his stories will live on. In every word he wrote, in every life he touched, and in the hearts of those who loved him, his voice continues to echo.

Thank you, Dad—for the stories, the lessons, and the love. I miss you dearly.

________________________________________________________________________________________

Por Araceli Curiel Rosenberger, hija

El zacate me recuerda a mi papá. Mi papá era agricultor, construyó un negocio desde cero, sin hablar inglés y con una educación formal que no pasó del sexto grado, que mantuvo a nuestra familia casi sin excepciones. Cuando era niña me preguntó de dónde venía el dinero, y yo dije, naturalmente, del zacate. Y recuerdo claramente pensar que monedas saldrían disparadas de la máquina para cortar zacate, como una tragamonedas en Las Vegas. Seguido me recordaba esto, y le gustaba contárselo a familiares y amigos, con grandes carcajadas mientras lo compartía. No lo sabía entonces, pero papá se reía terapéuticamente, porque había sobrevivido a la pobreza de su infancia y era feliz sabiendo la vida que con su esfuerzo le podía dar a su familia, mientras que su ingenua hijita tenía nociones de cuento de hadas sobre cómo se ganaba el dinero. 

Aunque haya sido jardinero de día, su sueño era ser reportero de tiempo completo. Tomaba videos en las bodas y quinceañeras, y siempre llevaba su cámara cuando iba a México para entrevistar a su familia y amigos. Gracias a esta pasión, tenemos una buena parte de nuestras vidas documentada. Cuando revisé las fotos de su teléfono para este homenaje, vi el otro lado de las historias que contaba, el otro lado de su lente… en los ángulos que elegía para captarnos sonriendo, las fotos que le tomaba a nuestras tarjetas de navidad y de nuestros hijos, y más.

Papá amaba y odiaba intensamente. Amaba profundamente a su madre y la extrañaba mucho. Le encantaban los mangos y las pitayas, el helado de vainilla y de fresa, las noticias, el chisme, las cosas y vistas hermosas. Odiaba los vicios, la hipocresía, la mala hospitalidad y las cebollas. Odiaba tanto las cebollas que a menudo recordaba a su padre decir que la cebolla era para los burros. Amaba a su familia, aunque mostraba su amor de maneras inesperadas; llenar la mesa de comida era su forma. 

Cuando venía a California de México, con entusiasmo tomaba nuestros pedidos de chocolate, cacahuate, jamaica y cualquier otra cosa que pidiéramos. Se tomaba esta tarea muy en serio, y mientras yo enumeraba mis peticiones, él seguía con «¿y qué más?, ¿y qué más?»

Era un hombre orgulloso, de los que no perdonan ni olvidan. Se ofendía fácilmente y nunca se disculpaba, al menos no en el sentido tradicional. Pero en realidad, papá solo quería ser amado, como todos nosotros. Es fácil verlo a través de las fotos de su vida, sus entrevistas y los recuerdos que hizo en los últimos años con sus nietos, y cuánto amor recibió al fallecer, que papá realmente fue amado y sé que él lo sabía. 

Papá quería ver a su madre de nuevo al final de su vida, extender la mano hacia ella y ser llevado en su cálido abrazo. Papá, espero que en su último aliento, haya sido una vez más un niño con una sonrisa tímida y mirada tierna envuelto en los brazos de mi abuelita. Descanse en paz papá, agricultor, reportero, amigo, humanitario, el hombre, la leyenda, el único, incomparable Felipe Curiel Rivera. Y papá, espero que en dónde esté, el zacate sea muy verde y recién cortado.

________________________________________________________________________________________

Por Jaime Curiel, hijo

Dad was a man that took no nonsense and made sure he was given the proper respect that he extended to his clientele. A work ethic and discipline that was truly something to marvel at. I used to think it was years of experience however as someone once told me, he knew people with more experience and it just never clicked for them. That’s always stayed with me.

________________________________________________________________________________________

Por Franciso Rianos, hijo del corazón

Felipe Curiel Rivera fue un hombre Fuerte, Solidario, humilde…fue mi consejero, un gran amigo, y se portó como un padre conmigo. Siempre estuvo dispuesto a ayudarme y apoyarme en mi trabajo de jardinería dándome sus clientes cuado él decidió retirarse, con su sencillez y su buen Corazón, Felipe me ofreció sus herramientas y su camioneta para que yo pudiera seguir con su trabajo.

Por lo que tuvimos una relación más que de amigos para mi como un padre en los 16 años que compartimos. Felipe tenía el deseo que alguna vez me llevaría a La Estancia de los López, Nayarit, a conocer el lugar donde él nació. Desafortunadamente, nunca pudimos hacer ese viaje, pero nos unió más que el trabajo un Amistad Sólida y disfrutamos sus últimos 2 años juntos y me daba mucha fortaleza verlo junto a mí y llevarlo a todos mis trabajos verlo disfrutar ver los trabajos que hacía con el solo estar conmigo y reír y charlar con él. Todo lo que el hizo por mí me cambió la vida en una gran forma positiva. Espero un día poderle cumplir su deseo de conocer su rancho. Su partida ha dejado un gran vacío en mí, pero en mis recuerdos siempre estará mi amigo, consejero, y padre Felipe.

Tu amigo y tu hijo,

Francisco