Obituario

Felipe Curiel Rivera, un hombre de carácter singular y espíritu generoso, dejó una huella imborrable en quienes lo conocieron. Su visión del mundo era única, su amor por las plantas, profundo, y su naturaleza, inherentemente trabajadora. Con esfuerzo propio, construyó desde cimientos humildes un negocio próspero únicamente con el trabajo de sus manos, brindando así un futuro a su familia.

Nació el 26 de mayo de 1952 en La Estancia de los López, Nayarit, hijo de Petra Rivera Ramos y Amado Curiel Mata. Trabajó desde chico criando animales y cultivando la tierra. Cuando tenía veintitantos años, emigró a los Estados Unidos, trabajando en el Valle de San Joaquín. En una visita de regreso a su tierra, le flechó una joven que estaba visitando a su tía de un estado vecino. Incapaz de olvidar ese amor a primera vista, averiguó todo sobre ella y empezó a cortejarla por cartas contándole de su vida en California. La convenció de verse, y se casaron en 1976. Después de una luna de miel en Puerto Vallarta, se establecieron en el bonito pueblo costero de Solana Beach, California, y formaron una familia, y él comenzó Felipe Curiel Landscaping.

Por más de 40 años, se dedicó a su negocio de jardinería. Tenía una mano increíble para las plantas y se sentía muy orgulloso de poder dar vida, a menudo bromeando que sus plantas eran mejor compañía porque nunca contestaban. Su pasión hizo que los jardines de su casa fueran enormes y variados, cultivando de todo, desde uvas de mesa hasta sandías, girasoles, maíz y cítricos. Aunque se lamentaba de que el sur de California no era bueno para cultivar mangos y pitayas, que eran sus frutas favoritas de su pueblo natal.

Además de la jardinería, Felipe tenía alma de reportero; incluso fue corresponsal para un servicio de noticias mexicano y mostraba con orgullo su credencial de prensa, la cual, según él, le evitaba problemas. Su pasión por documentar la vida se extendió a la grabación de eventos y a la realización de entrevistas. Con diligencia, registró noticias de gran trascendencia, como la Guerra del Golfo Pérsico, pero también tenía un gran interés en temas poco convencionales como los OVNIs y sus teorías de conspiración relacionadas, un ámbito donde, en retrospectiva, a menudo tenía ideas sorprendentes. Su pasión eran los momentos cotidianos: nacimientos, muertes, interacciones diarias y aquellos sucesos que consideraba insultos, llenando numerosos cuadernos con sus detalladas observaciones.

Un anfitrión muy atento, Felipe recibía a sus invitados con los brazos abiertos y una mesa repleta. Ayudó con gusto a los familiares que llegaban a los Estados Unidos, compartía los frutos de su jardín con los vecinos y ayudaba a quien lo necesitara. Cuando sus hijos eran pequeños, participó mucho en su educación Head Start, siendo miembro de juntas directivas y viajando a conferencias – una época llena de un fuerte sentido de comunidad y propósito. En sus últimos años, fue voluntario de Ángeles de la frontera (ahora Gente Unida), un grupo humanitario que ayuda a los migrantes que cruzan el desierto desde México.

Ese espíritu aventurero que lo llevó a emigrar a los Estados Unidos también lo inspiró a viajar, uniéndose a un tour por Europa Occidental. En sus últimos años, visitó Washington, D.C. y Baltimore, y más recientemente la ciudad de Nueva York, maravillándose de sus rascacielos y de la vista desde lo alto del Empire State Building.

Nunca se jubiló realmente, pero sí anhelaba regresar a su pueblo donde había construido una casa con una cúpula, que creía que era la envidia de la gente del pueblo. Le dejó su negocio a su aprendiz y querido amigo, Francisco Rianos, y aun cuando visitaba California se unía a Francisco en la labor del día. Su profesión y su capacidad para trabajar eran una parte muy importante de su identidad.

Regresó a su tierra en 2015. Se involucró en la política local y en el activismo ambiental. Amaba tanto su tierra que la llamaba paraíso y presumía de su riqueza agrícola y sus productos, incluyendo cacahuates, chocolate, flor de jamaica y la minería de oro.

Lo sobreviven sus hijos, Alma Rosa, Araceli, Felipe Jr. y Jaime; su yerno Fred Rosenberger, su nuera Andrea Hurtado; sus nietos Andy, Adrian, Alejandro Manuel, Xavier Alexander, Julius Felix, Everett Wilder, Aria Licia, Iris Liana, Emmett Finley y Samantha Elise; y sus hermanos Regina, Herlinda, Angelina, Enedina y Fidel. Le precedieron en la muerte su esposa de 26 años, Alicia Álvarez Preciado, sus padres, Petra Rivera Ramos y Amado Curiel Mata, y sus hermanos Ignacio, Félix y Leobardo.

Aunque lamentamos su partida, también celebramos la rica y singular vida que vivió y el impacto duradero que tuvo en tantos. Felipe será muy extrañado y recordado con cariño. Descanse en paz el único e incomparable Felipe Curiel Rivera.